

Expropiación*
Cuando Angel Rupérez declara, en la introducción a la antología de Luis Cernuda que ha publicado Espasa austral, que ningún poeta homosexual suena menos homosexual que Cernuda, uno tiene la impresión de que no solo le gustaría sacarlo de la generación del 27, sino también del mundo homosexual.
Los movimientos de liberación gay no comenzaron a surgir, si exceptuamos a los pioneros, hasta la segunda mitad del siglo pasado, y no adquirieron relevancia hasta años después de la muerte de Cernuda. Por tanto, es un anacronismo decir que Cernuda no hizo bandera explícita de su condición homosexual en el sentido de que no hizo de ella militante vindicación. ¿Cómo podría hacerlo cuando todavía no había nacido una conciencia militante o era demasiado lábil? Sin embargo, concebía a sus lectores futuros como camaradas en los que, como un eco, mis sueños y deseos tendrán razón al fin.
La aceptación consciente de la homosexualidad implica un rechazo de los tabúes sociales y, al menos en Cernuda, una actitud, si no militante, imposible en aquella época, beligerante frente a la sociedad. Publicar en 1936 un libro como La realidad y el deseo era lanzar un desafío a la moral establecida. Cernuda fue el primero en la historia de la literatura española que tuvo la valentía (Para hacer de mi voz mi valentía) de expresarse sin rodeos, y en ella hay más de un poeta homosexual que suena menos homosexual que Cernuda, sencillamente porque ocultaron su homosexualidad: Fernando de Herrera o Vicente Aleixandre, también sevillanos.
Pero si Cernuda suprime las barreras y consigue salvar el escollo de la parcialidad limitadora, entonces lo que en él es una cualidad que le hace superior, sería un defecto limitante en todos los poetas heterosexuales, puesto que todos proclaman su heterosexualidad a los cuatro vientos sin pensar en que esto sea una causa restrictiva para incluir a todos los amores imaginables.
En el último poema de Razón de amor Salinas utiliza nueve veces el pronombre femenino ella, y en el último de los Veinte poemas de amor Neruda utiliza 23 veces el mismo pronombre y su acusativo. Paul Éluard utiliza con profusión el mismo pronombre, y todos utilizan la palabra mujer sin ningún tipo de pudor ni sobriedad, otro de los méritos de la poesía de Cernuda, según Angel Rupérez. En un solo soneto, Blas de Otero utiliza tres veces la expresión cuerpo de la mujer y en un poema de Elsinore L. A. de Cuenca utiliza 14 veces la expresión la muchacha. Uno no se explica por qué esta insistencia si para ellos era y es lo natural, de modo que cuando los leemos suenan demasiado heterosexuales, siempre con el monótono cántico de las excelencias de la mujer amada.
Naturalmente, un poeta heterosexual no es inferior porque suene heterosexual, pero tampoco un poeta homosexual porque suene homosexual, o ¿acaso es inferior la bucólica II porque suena homosexual? ¿Qué barrera hay para el amor? (quis enim modus adsit amori? en la traducción de Batolomé Segura, de Alianza), pregunta Virgilio. Sin embargo, Angel Rupérez confunde lo universal con lo común y solo ve barreras e inaccesibles condiciones.
Un poeta homosexual sonará homosexual incluso cuando no es explícito, o cuando no reconoce u oculta su condición. Es comprensible que en este caso los críticos pasen por alto o ignoren este detalle, pero atraer hacia sí a un poeta homosexual reconocido o abstraerlo de su condición homosexual, que es lo mismo, como hace Ángel Rupérez con Luis Cernuda, es una expropiación que revela un profundo desprecio hacia la homosexualidad.
El mismo Cernuda se refirió, irritado, a este secuestro literario por toda una tribu extraña para mí, llamándolo rapto retórico:
La apropiación de ti, que nada suyo
fuiste o quisiste ser mientras vivías.
fuiste o quisiste ser mientras vivías.
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* Escribí este artículo en el año 2002.

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